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TV Digital cambia la forma pero no el contenido:
Lo más probable es que terminemos pagando por ver televisión abierta

De las pocas cosas gratis que iban quedando, una era la televisión abierta. Pero ésta inicia también un camino sin retorno. Porque ésa es una de las novedades que trae la ley sobre televisión digital aprobada por la Cámara de Diputados: los canales podrán cobrar hasta por la mitad de su programación.
Sólo un parlamentario votó en contra del proyecto de ley que introduce la TV Digital Terrestre en Chile y uno de los puntos más conflictivos fue el que da carácter indefinido a las concesiones de los actuales canales.
Eso, porque para quienes quieran obtener una concesión nueva sólo podrán obtenerla por 20 años. Y ojo, aquí está lo grave. Los canales podrán cobrar a los televidentes por el cincuenta por ciento de su programación. Esto se produce porque el ancho de banda digital (la norma aprobada en el gobierno anterior es la japonesa) permite a cada canal tener hasta cuatro señales.
Imagine un escenario en el que juega la selección chilena disputando un importante partido, en una clasificatoria, por ejemplo. El canal que transmita puede cobrar por esa transmisión y, para los que no quieran pagar ofrecer la alternativa de ver el pleito en diferido, con varias horas de retraso.
Lo anterior significa que probablemente la calidad de la televisión abierta y gratuita decaerá aún más. Podríamos prever que hipotéticamente, serán gratuitas las teleseries, los matinales, Yingo, Calle Siete, Así Somos y tal vez, los reality. Programas políticos, transmisiones deportivas, programas de conversación, culturales (aunque el Consejo obliga a transmitir cuatro horas semanales de cultura, dos de ellas en horario de alta audiencia), podrían ser pagados.
Predomina lo técnico por sobre el contenido
En un plazo de tres años todos los canales de televisión actuales deberán replicar su cobertura análoga en una digital hasta el 85 % de su transmisión y en un plazo de cinco años completar el 100 por ciento de su emisión en formato digital.
Esto significa que deberán transmitir en dos formatos mientras se produce la transición total de un sistema a otro y ocurre lo que se ha llamado el apagón análogo.
Aquí lo que importa es la norma técnica, no el contenido. Si un canal nuevo quiere entrar al ruedo, nadie le pregunta lo que va a transmitir sino cómo lo va a hacer. En Argentina, por ejemplo, se exige un proyecto completo que incluya contenido.
El proyecto establece, además, que el 40% del total de las concesiones asignables para la televisión digital serán destinadas a señales de radiodifusión televisiva de libre recepción, regionales, locales, comunitarios y aquellas nacionales o regionales que el Consejo Nacional de Televisión califique como culturales o educativo-infantiles.
Las críticas no demoraron: El Observatorio de Medios (FUCATEL) esperaba que se permitiera no más del 20% para el uso de pago (a lo más una señal de pago por cada operador y en ningún caso la señal principal) para garantizar el principio de que la TV abierta debe ser mayoritariamente gratuita y de libre acceso a todos los chilenos, evitándose las señales de cobro que harán surgir televidentes “de primera y segunda categoría”.
El diputado socialista Marcelo Díaz señaló que “hay que acabar con las concesiones indefinidas, impedir que se establezca el régimen de pago para la televisión, que segmente contenidos de calidad pagados y de televisión basura de libre recepción”.
Otro punto criticado es el hecho de que el proyecto deje la posibilidad a los concesionarios de rehacer a su manera las campañas de utilidad pública definida por el Estado de Chile y aprobada por el CNTV, situación compleja, por ejemplo, en el caso de campañas de prevención del Sida, del embarazo adolescente o de prevención de drogas.
El abogado Raúl Arrieta, del Instituto Chileno de Derecho y Tecnologías. Advirtió en La Segunda, que la ciudadanía “no debe soñar” con tener más señales gratuitas proporcionadas por el mismo radiodifusor televisivo, ya que todo indica que deberemos pagar por esos nuevos contenidos.


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