Lo bueno, lo malo y lo feo de Lollapalooza en Chile:

El evento de rock importado por Perry Farrell saca cuentas alegres. Más de 120.000 personas en sus dos días, más de 50 bandas en los escenarios y la certeza que en 2012 se viene más y mejor. El punto en contra fue el problema con las entradas adquiridas vía Internet y el caos en La Cúpula.

Shows de primer nivel:

Para cualquier melómano, este tipo de festivales es una delicia. Más aún, cuando en el país se presentaron por primera vez algunas bandas de calidad indiscutida. The National, una de las bandas de rock tan romático como elegantemente melancólico brindó un concierto soberbio el día sábado. El domingo, en tanto, Flaming Lips instaló un delirio sicodélico. Con su líder Wayne Coyne paseándose por una burbuja en medio del público, globos, serpentinas y personas bailando arriba del escenario, su música alucinada y existencial fue un placer imborrable. Otro que respondió a la altura fue Kanye West. El rapero que mostró en Chile por primera vez su alabado último disco, “My Beautiful dark…”, fue un huracán musical. Rimas perfectas, gran voz y temas indiscutidos.

El alza de la imagen país:

Un festival como Lollapalooza logra un efecto impensado: que los demás países vean a Chile como un referente. Fueron cientos los argentinos, peruanos, venezolanos, mexicanos, canadienses, estadounidenses y alemanes que presenciaron la fiesta musical. Un punto a favor que contrastó con la entrega de entradas a los espectadores internacionales. Muchos de ellos debieron soportar horas para que les confirmaran que los tickets que habían adquirido por Internet estaban pagados.

El caos en La Cúpula:

Sucedió el sábado y se repitió el domingo con la fuerza pública incluida. El escenario Tech Stage –que es La Cúpula- saturó su capacidad. El hecho provocó un desorden total. En las actuaciones de Devendra Banhart, Cat Power y The Drums intervino Carabineros con caballos, mientras las culpas no eran asumidas por nadie. Fue un error que la organización debió prevenir.

La solidez de Chico Trujillo:

El combo liderado por Aldo “Macha” Asenjo demostró que es el grupo más popular de Chile. A media tarde, soltaron su cancionero bailable e impusieron una de las mayores fiestas de la jornada. Público coreando sus canciones, extranjeros enloquecidos con su música y los músicos exigiendo la legalización de la marihuana. Un carnaval total.

El alza de la música chilena:

Prácticamente sin apoyo y en forma quijotesca, las bandas chilenas gozan de uno de sus mejores años. En Lollapalooza hubo espacio para todos: Fother Muckers, Francisca Valenzuela, Los Bunkers, Astro, Denver, Javiera Mena y Anita Tijoux, entre otros. Cada uno en su estilo, demostraron que las invitaciones para países como México, España y Estados Unidos, entre otros, no son casualidad. Es una de las generaciones más talentosas de los últimos años.

La confirmación para 2012:

Perry Farrell, el ideólogo de Lollapalooza e integrante de Jane’s Addiction, confirmó que quedó más que satisfecho tras el debut en Chile. El público respondió, no hubo mayores problemas, las bandas disfrutaron la experiencia. En resumen, el festival repetirá en abril del próximo año.

El error en la conformación de los shows:

Devendra Banhart, The Drums y Cat Power son nombres insignes del rock alternativo y cuentan con una tropa amplia de fanáticos en Chile. Por eso, no se entendió que los programaron en La Cúpula, mientras en el escenario principal hubo fiascos como 30 seconds to Mars y Sublime with Rome. Bandas de escaso impacto y mínima calidad que debían tener una menor exposición.

 

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